Minoru resident playing game at a table with two young children.

En la autoridad sanitaria Vancouver Coastal Health (VCH), sabemos que los vínculos son la esencia de una atención a largo plazo de calidad. En dos de nuestras residencias de atención a largo plazo en Richmond, los programas intergeneracionales están uniendo a personas de diferentes generaciones, lo cual despierta la alegría, fortalece las relaciones y estrecha los lazos dentro de la comunidad.

En la Residencia Minoru (Minoru Residence), los residentes participan en sesiones mensuales de arteterapia y musicoterapia con los niños de preescolar de la Academia de Educación Genius (Genius Education Academy). Al trabajar codo con codo, los niños y los residentes establecen vínculos personales importantes que favorecen el bienestar emocional, refuerzan la confianza y ayudan a reducir la sensación de aislamiento. 

“Los programas intergeneracionales son una parte importante del modelo social de atención”, afirma Ada Chow, trabajadora social de la Residencia Minoru. “Compartir momentos de risas y creatividad a través de la música y el arte ayuda a los niños y a las personas mayores a crear lazos entre ellos, independientemente de sus capacidades o de las diferencias lingüísticas”.

seniors with young kids doing crafts at a table

En la residencia Richmond Lions Manor, el personal puso en marcha una nueva iniciativa que consiste en ofrecer campamentos infantiles de una semana de duración dentro de la residencia durante las vacaciones de verano, invierno y primavera. Los hijos del personal, de entre cinco y doce años, se unieron a los residentes a diario para participar en actividades diseñadas para fomentar la conversación, el aprendizaje y el intercambio de experiencias. El equipo de recreación y el musicoterapeuta de la residencia colaboraron para crear programas atractivos, inclusivos y significativos para todos los participantes. 

Estos vínculos intergeneracionales han aportado energía renovada a ambas residencias. Los residentes comentan que se sienten menos solos y más integrados, mientras que los niños desarrollan empatía y adquieren una comprensión más profunda del envejecimiento. Como comentó un familiar: “Es maravilloso ver cuánta alegría aportan los niños a los residentes”.

A través de programas como estos, creamos momentos importantes, vinculamos a las generaciones, fortalecemos la comunidad y ofrecemos una atención que valora el vínculo humano tanto como el apoyo clínico.